Carta a mi amada Catalina

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Querida Catalina:

Hoy, mientras me afeitaba, te he recordado y cantado a ti, mi amada Catalina, princesa devota del rosario, de Cagaspurcio de la Sierra, pues hoy es san Valentín, y me enciende el alma recordarte.

También, decirte, mientras te veo en el espejo, que ese tu pueblo es un aburrimiento, al que no me gusta ir porque los lugareños siempre hablan del campo, de las ovejas y las cabras, y no paran; no obstante, me encanta porque es una pequeña aldea, y tus padres no me mandan nada, ni me hacen trabajar.

También, porque en este tu pueblo, los niños nacen antes de tiempo, no más de siete meses, y el padre que les engendró nunca llega; como pasa en la mayoría de los pueblos olvidados de su geografía, donde el cura pueblerino, en el sermón de la misa, siempre recita la misma cantinela:

-Decidme, almas amadas, decidme quién de vuestra casa sale, quién a vuestra casa entra; pues siempre me toca a mí, en el Acta del Bautismo, firmar como progenitor en ausencia.

Amada mía, eres hermosa como ninguna; tienes cara de cubana y culo de puertorriqueña. ¡Cómo necesito de tus besos y abrazos¡ ¡Cuanto deseo volver a verte¡

Mi chivito peregrino, ¿recuerdas?, el que a ti tanta gracia te hace, ahora, en este instante, se pone respingón, y bien pícaro. Se esconde y saca su cabeza de entre mis piernas.

¡Le doy una zanahoria bien grande y se come hasta la cabeza¡ ¡Cómo te haría reír¡

Añoro tus muslos cariñosos. Catalina. Como dos platos de carne son para mí, 1sobre los que paso mi lengua tan perrera, cuando terminamos de comer, ¿te acuerdas? Tú cantabas de esta manera:

-Hazme el amor, amado mío, como si estuviéramos jugando dentro de una ruleta de feria. Sería bueno, maravilloso que, después del acto, mi vientre se hiciera bombo y, a los nueve meses, nos viniera un hijo bien hermoso, siendo como tú tan feíto y tan gracioso, a la vez.

¿Qué haces ahora, amada mía? ¿Cuándo te veré entrar por la puerta?

Ven, no tardes. Ya sabes que, aunque tengas la manía de rezar, y yo sea ateo, te quiero y he de querer todos los días. Y no temas; que ya no va a pasar lo de la otra vez, cuando mi madre, tu suegra, te echó de casa a hacer puñetas, mandándote con tu abuela, por haber roto un huevo, que se te cayó del plato; que es por lo que fue, y no por haber rezado el rosario en la noche, mientras mis padres dormían; que fue lo que tú pensabas.

Si antes de venir a verme, pasas por tu pueblo, diles a tus paisanos que yo les quiero, porque yo te quiero a ti, ¡claro¡

Un beso muy fuerte,

Tu amado

-Daniel de Culla

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