Tu a mamarla y tu a machacártela

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Esto es lo que nos gritó, muy enfadada, doña Mora de Roque, señora de servicio de sexo metidas sus manos en las mangas de su camisa, justo en el quicio de la puerta, porque al precio sabido del trabajo sexual, que eran veinte Euros un cuarto de hora, mi amigo le dijo que él no daba más que un Euro, y yo rematándolo con que a mí no me gustaban las chicas.

Las chicas, que eran guapitas de cara, se fueron corridas por el pasillo de la casa. Yo si las vi, mi amigo no. Yo empecé a bajar las escaleras, pero mi amigo se quedó parado justo en mitad de la puerta, impidiéndole a la señora cerrarla.

Pero, espabilada ella, al decirle: -Mire, su amigo se sube por las paredes, él se volvió, y creyendo que me caía por las escaleras, corrió a socorrerme, lo que aprovechó la señora para cerrar la puerta.

Mi Amigo y yo salimos a la calle, riéndonos de muy buenas gabas. Yo le dije:

-No está bien lo que has hecho, Tontaina. Es un desprecio a las chicas, y a su trabajo. Bastante tienen las pobres con aguantar a tantos hijos putos y babosos salidos.

- Digas, lo que digas, me contestó él, no me voy a bajar del burro. Si ellas ponen un precio yo pongo otro.

- Pues para mí, le respondí, eso es no tener vergüenza. Tú piensa en lo que te cuesta tu mujer con la que llevas toda la vida: por un polvo, bueno tres, te está costando un huevo y la yema del otro.

Además, ¿qué me dices de todas esas piezas con las que trajinabas en el pueblo detrás de la iglesia? ¿No me has contado que una tarde con ellas te costaba la mitad de un sueldo? Eres un cabezota. Y eso que les has hecho es un desprecio total.

-Pues tú no te has quedado manco con eso de decirle que no te gustan sus chicas, con lo resaladas que parecían, sobre todo aquella que tenía un lunar junto a la boca.

-Sí, le respondo. Es verdad, pero yo he venido a acompañarte. Jamás pasó por mi mente echar un polvo. Tan sólo quería sentir y ver lo que te tiembla debajo del pantalón, que debe ser fuerte, pues no haces más que tocarte los huevos.

-Que gracia me haces, polla triste, me contesto. Si no fuera yo tan macho, aquí mismo te jodiera.

-Jode a la Burra de tu padre, le dije cantando. Ya sé que le das contienda cuando te viene en gana.

-No digas sandeces, tonto del culo, me respondió, siguiendo:

-Esta noche he de comer conejo, te lo aseguro.

-Ya veremos, le contesté. Si quieres comer conejo, págalo a su precio; no seas bobo.

-Daniel de Culla

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