Encaje de bolillos

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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Voy montado a lomos de un asno artificial hecho expresamente para mí por doce sacerdotes el día que abandoné el Seminario Conciliar de Madrid; tirando de él va mi parienta, que me saca en procesión dos veces al año. Este día toca ir a Las Huelgas, en Burgos. Vamos acompañados de nuestro perro chico que ladra sin parar como universitario en su colegio mayor y una asistente social de compañía.

Mi parienta trae un mundillo de viaje y almohadilla con sus correspondientes bolillos para hacer encaje.

Nos paramos en un parque infantil en mitad de la calle Avenida de Castilla y León, a la margen izquierda del río Vena, donde dejamos al Asno escribiendo su Arte Rebuznatoria con el rabo y, de vez en cuando, recitando lo escrito. Nuestra asistenta ha seguido al Asno enteramente contenta por saber más de un Rebuzno dado a tiempo.

Mi parienta y yo nos sentamos en un banco. Mientras ella sigue con el medio punto hecho desde el punto entero, dando una vuelta a todos los bolillos, comenzando después por la media vuelta, cruzando los bolillos de la izquierda con dos bolillos de la derecha, dándoles la vuelta, vuelta y cruz, lo mismo que hace con los bolillos de la derecha, vuelta, vuelta y cruz, yo, que ya me pierdo, le dejo hacer a ella, contemplando a nuestro perro chico que, ahora mismo, está giñando unas reliquias tan antiguas como la misma ciudad de Burgos.

Él ha dejado unos choricillos en el césped mirando hacia la Avenida de Cantabria; choricillos tan duros como sus patas. Terminado, araña la yerba, marchándose a ladrar al Asno, para hacerle de rabiar, y espantarle intentándole morder el rabo.

Como soy un tío de fábula, bien educado, cojo los choricillos perrunos y, antes de meterles en una bolsa de plástico, advierto que estas caquitas están como marcadas con un código de barras y son más lindas que las de la perrita Marilín de mi vecina.

Cual biólogo, examino las caquitas que se me magnifican como exequias del Perro de san Roque, que se celebran en Quintanar de la Sierra en fiestas. Sin guantes, las estoy observando, y veo mucosanguinolencia y un elevado número de leucocitos, lo que hace aparecérseme la región cecal y región sigmoideorrectal que están en la cosmogonía del toro de la Península Ibérica.

En un banco, justo al lado nuestro, se ha sentado una pareja. Él es Tricomico de el Ferrol, y ella, Shigella, de la periferia burgalesa. Lo primero que se les oye decirle ella a él es: -Eres como un quiste tetranucleado; contestándole él a ella: -Y tú un trofozoito con degeneración amebiana. Callan y se besan.

-Así es el Amor, exclama mi parienta, sonriendo.

Una vez terminado mi estudio puntual y centrado dentro de los choricillos del perro, les meto en la bolsa de plástico, llevándola a tirar a una papelera cercana, hasta obtener alivio, mientras mi parienta sigue tejiendo, colocando, ahora, un alfiler entre cuatro bolillos.

Mientras nuestro perro chico da vueltas y vueltas para alcanzar el final de su rabo, yo, que ya me creía librados de nuestra asistenta social de compañía, veo que no. Un truco muy fácil era pensar que nos había perdido. Pero, mi parienta, tirando un poquito más del bolillo, hizo venir a la asistenta Olga, comprobando que nos miraba con ordeno y mando, lo que a mí me hizo sentir una sensación de pesantez en el epigastrio y a mi parienta cefalea y palpación del Colon, como ella me decía.

Daniel de Culla

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