Cuchilla de afeitar

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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A la orilla del río, cojo mi pobre palo y meo, oye. Después de salir del agua y tirarme unas pedorretas, pido a la madre Naturaleza que me dé fuerza y vigor para poder dibujarle en mi vientre y en la rosa negra con un solo pétalo de color, que está ahí donde yo nací entre los arenales de la frescura de otro río.

Ya está mi amada abierta de piernas sobre una mesa de madera, retratándome con su castaña desde los pies a la cabeza; sus ligas de seda y sus zapatos, llenos de hormigas sobre la yerba, esperando que le entre mi mayo florido y feliz.

Pero, ¡ay dolor¡ cuando sus grandes labios y sus pequeños labios me cepillaban, salió de entre las aguas un Hombre verdadero con el pene más bonito que mirarle no puedo. Parecía un junco saliendo del agua. Su capullo es tan bonito… ¡joder¡

-No le mires, dijo mi amada. No le hagas caso, y sigue pinchándome con tus pelitos que son como alfileres, y clávamela ya de una vez, si quieres.

El Hombre verdadero que parecía de Corte y Confección se atusó los pelos que le caían de los huevos rozando el suelo, se preparó una taza de leche que sacó ordeñando a una hormiga roja con guantes de boxeo y se vino a mí, yo sin darme cuenta, intentando meter su junco, que era una pluma, en mi agujero, que para él no era más que un tintero, igualito que esos donde mojaban los monjes para escribir los Misterios.

Mi amada, que pensó que el Hombre verdadero fue, en su día, su amante, a quien recordó por su nariz graciosa y judía, y su culo florero, con una esponja se secó la leche de su barbilla hermosa y, con una cuchilla que sacó de mi máquina de afeitar, se lanzó a su talle intentando cortarle un huevo como quien corta una oliva, que tan sólo dañó un poco, dejándola clavada en él, sin arrojar una gota de sangre.

Sosteniendo todo su artificio, manteniéndose de pie, el Hombre verdadero, con andar menudo, se volvió al agua, dejando en la orilla sus pezuñas, y mi amada exclamando:

-Y tú, zoquete, de marrones ojos, cejas resplandecientes y estúpida frente, ven, vuele y continúa para echarme el mayo.

Yo diciéndole:

-Amor, menos mal que ya no me quedan cuchillas de afeitar. Vamos que te la clavo por donde he nacido.

-Daniel de Culla

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