El testarudo

Escrito por Daniel de Culla el . Publicado en Elogio del Rebuzno - Por Daniel de Culla

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El testarudo, porfiado y terco de Tontón se estaba tocando los testes, mientras su mujer a él le preguntaba lo de siempre: Que por qué le hacía pasar a ella las penas del purgatorio, cuando ella a él le sacaba de sus duros penes, mientras él prestaba mucha más atención a la vecina del sexto, que arrastraba un culo bien caído.

Tontón no respondía nada. Arrancaba un tallo de yerbajo y se ponía a chuparlo, mientras sus tripas retumbaban; lo que a él le hacía sentirse muy animoso y contento, tanto, que no dudaba en irse a buscar gente con el afán de platicar, diciéndole a la mujer: -Aguarda un poco; al punto vuelvo.

Pero no volvía con ella. Ella tenía que regresar sola a casa, librándose como podía de un individuo al que ya se le conocía por su terquedad y obstinación, que afirmaba ser descendiente del marqués de Chorrapelada, y que se mostraba a quienes pasaban, señoras y niños, con la picha afuera, prometiendo todas sus cosas y el palacio entero a quien besara la punta de la cuerda gruesa que caía de la empuñadura de su bastón de alto bordón.

Él desaparecía recitando algún verso quebrado, de esos que sirven de estribillo en cada copla:

"Ya no más, ceguezuelo hermano,
Ya no más.
Baste lo flechado, Amor,
Más munición no se pierda;
Afloja al arco la cuerda
Y la causa a mi dolor…
Ya no más, ceguezuelo hermano,
Ya nomás", que creo ser de Luis de Góngora y Argote, cordobés.

Él iba tentando la tierra con el dedo gordo del pie, intentando llegar a la casa de la "vieja gorda de las gallinas", doña Urraca, para echarles su gallo, bebiendo, de vez en cuando, un vino clarete peleón de una borracha bota de vino, deseando llegar a la casa y entrar él solo.

-Daniel de Culla

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