El valor de la Confianza

el . Publicado en Bailando con lobos

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Es frecuente oir a personas de nuestro entorno exclamar indignadas: “¡Esto me pasa por haber confiado en él ! ¡ Parezco un crío!” consideran que confiar representa debilidad y abre las puertas de par en par a las traiciones, disgustos y engaños. Optan por la desconfianza, por la prudencia, por la reserva considerándose inteligentes. Confiar siempre en todas las situaciones posiblemente no sea muy aconsejable porque la ceguera tampoco es muy recomendable, sin embargo, el que desconfía de los demás quizá nadie le perturbe, nadie le “muerda” pero tampoco nadie le amará, vivirá día a día en un estado continuo de miedo y de sospechas sin llegar a ser libre.

Las sospechas, la desconfianza, las dudas, el miedo generan fuerzas negativas y destructivas que transforman la vida de la persona en una esclavitud continua: ” ¡Cuidado me puede engañar! ¡Seguro que me está mintiendo! ¡Tras esa cara de niño bueno se esconde un tiburón! ¡No ha quedado conmigo y se ha ido con otra!

Cuando desconfiamos o sospechamos de alguien le incitamos a realizar aquello de lo que le consideramos sospechoso. Un novio sospecha que su novia cuando sale a divertirse con sus amigas en realidad le engaña con otro. Esto se lo reprocha a su novia una y otra vez, ella se justifica, se enfada, protesta. Es inútil, él continúa desconfiando. Al cabo de un tiempo, ella, cansada de los interrogatorios y sospechas, no aguanta más, y al final, traiciona a su novio y se va con otro. Una madre sospecha que su hijo le roba dinero de su bolso. Le acusa e incluso le castiga por no “decir la verdad”. El hijo está triste y no sabe que hacer para convencer a su madre de que su acusación no es cierta. Sin embargo, su madre continúa desconfiando. Al cabo de un tiempo, el hijo decepcionado y resentido por la actitud de su madre decide hacer realidad sus sospechas robándola no sólo el dinero de su bolso, sino también de la caja fuerte de su habitación.

El que desconfía sólo ve y se concentra en los defectos de los demás olvidando las virtudes. Incluso intensifica y agranda los defectos del otro justificando de esta forma su desconfianza y sospechas. Este comportamiento conlleva soledad y enemigos, ¿quién va a querer ser amigo nuestro si desconfiamos de todo el mundo y sólo nos fijamos en sus defectos?

La confianza es necesaria para vivir pues sin ella nada funcionaría. Cuando conduces confías en que los otros conductores que van por la carretera no van a colisionar con tu coche. Cuando compras la comida en el supermercado confías que el vendedor no la ha envenenado. Cuando compras un disco en una tienda confías en que no estará rayado. Cuando coges el metro o el autobús confías en que el conductor sabe conducir y no provocará ningún accidente. Cuando vas en avión confías en que la compañía aérea ha revisado correctamente el aparato y el piloto no está borracho y sabe pilotar. Cuando vas a ver una película al cine confías en que el techo no se va a derrumbar. Cuando vas a un restaurante a cenar confías en que el cocinero no te ha echado arsénico a la ensalada. Cuando votas en unas elecciones confías en el partido que has votado. Por tanto, sin la confianza no podrías vivir y nada funcionaría.

La confianza transforma a las personas y les hace evolucionar. Cuando te fías de alguien aunque sea un mendigo, un borracho, un drogadicto, un vicioso, un presidiario, tu peor enemigo, un ser débil, esta confianza que depositas en él le estimula a menudo a mejorarse para demostrarte que no te has equivocado sobre sus virtudes. Si siempre les cerramos las puertas y nos fijamos en sus defectos, ¿crees que les motivaremos para transformarse?

A veces cuando confiamos en alguien, después nos decepciona y nos hace mucho daño, y deducimos que no deberíamos haber confiado en él. Sin embargo, porque alguien no ha estado a la altura de nuestra confianza no quiere decir que todos actúen como él. En una caja de peras o de manzanas siempre hay algunas frutas podridas, pero a pesar de ello no tiramos toda la caja, ¿verdad? Alguna vez ocurren accidentes en el metro, en el autobús, en avión, en tren, sin embargo ¿esto quiere decir que ya nunca vamos a poder montar en estos medios de transporte?

Anualmente en las vacaciones de verano muchas personas mueren en la carretera con sus turismos, ¿esto quiere decir que ya nunca vamos a poder ir de vacaciones por carretera? Algunas personas en las que depositamos nuestra confianza nos traicionarán pero muchas más nos devolverán la confianza centuplicada. Es mejor ser mordido pero tener al final el mundo entero que no tener ninguna cicatriz y seguir anclado, sólo y atado por las cadenas de los miedos, sospechas y desconfianzas. ¡Confía amigo mío y serás libre!

José Manuel Casado Editor, escritor, asesor de la salud 11.12.00
FUENTE: REVISTA Revistilla, Núm. 13 jul/ago de 1997, pág. 14, por José Manuel Casado

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