Matar a Franco

Escrito por José Luis Hernández Garvi el . Publicado en Muy interesante

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Atentados contra Franco

Tras la Guerra Civil diferentes organizaciones antifranquistas se plantearon la posibilidad de asesinar al general como solución para poner fin a la dictadura. A partir de entonces, y sin ninguna conexión entre ellas, se elaboraron una serie de planes para atentar contra él. La inmensa mayoría no pasaron de ser una idea descabellada, pero alguno estuvo muy cerca de conseguir su objetivo.

En contra de lo que pudiera pensarse, los primeros intentos de asesinar a Franco se remontan a los momentos iniciales de la Guerra Civil, incluso antes. Como señala el investigador canario Ricardo García Luis, el 14 de julio de 1936, tan sólo cuatro días antes del estallido de la contienda, Antonio Vidal, un destacado anarquista afincado en Tenerife, estuvo involucrado en un intento frustrado contra el general, por entonces comandante militar de Canarias, en la sede de la Comandancia de la capital tinerfeña, que fracasó en el último momento por la traición de otro anarquista. Antonio Vidal evitó que lo detuvieran ocultándose bajo una lápida del cementerio de San Rafael y San Roque de la capital tinerfeña y después consiguió escapar, iniciando a partir de entonces una brillante carrera como espía al servicio de la República.

De mayor trascendencia es el intento conocido como "el complot de los cabos". Todo comenzó al filo de la medianoche del 17 de julio de 1936, momento en que empezaron a darse los primeros pasos para llevar a cabo la sublevación. En la ciudad de Ceuta, al Regimiento de Infantería del Batallón del Serrallo número 8 se le ordenó participar en la toma del control de la ciudad norteafricana. A él pertenecían los cabos veteranos José Rico y Pedro Veintemillas, soldados profesionales pero de profundas convicciones republicanas. Los dos suboficiales patrullaban por las calles de la ciudad en cumplimiento de las instrucciones recibidas cuando observaron cómo grupos de falangistas detenían a civiles y asaltaban sedes de partidos políticos, mientras pegaban pasquines en las paredes con el bando firmado por Franco que establecía el estado de guerra, la disolución de los partidos y la prohibición del derecho de reunión.

Cuando en las primeras horas del 18 de julio Rico y Veintemillas regresaron al cuartel, se reunieron con los también cabos Anselmo Carrasco y Pablo Frutos. Entre los cuatro estuvieron discutiendo acaloradamente como podían frustrar la sublevación contra la República. En ese mismo día, durante una segunda reunión, José Rico presentó un plan para matar a Franco que él mismo lideraría. Cuando el general entrase en el patio central de la comandancia para pasar revista a las tropas, él le dispararía a bocajarro. En ese momento, los demás implicados reducirían al resto de las tropas apuntándolas desde las ventanas del primer piso del acuartelamiento, impidiendo así cualquier intento de resistencia. Una vez conseguido su objetivo, un segundo grupo iría a la ciudad para informar del atentado y conseguir el apoyo de la población.

La tarde del 18 de julio, Rico pidió estar de guardia en la entrada principal del cuartel con la intención de ser el primero en enterarse de la llegada de Franco. Durante la guardia compartió vigilancia con el cabo Rodríguez. Durante sus declaraciones ante el consejo de guerra que siguió al atentado frustrado, éste último declaró, "…José Rico me preguntó que me parecía el Movimiento. Le contesté que llevaba dos días de servicio y que no me había informado, y él respondió que éste Movimiento iba contra el Gobierno, y que si nosotros fuéramos hombres deberíamos ponernos a favor de ellos e ir contra nuestros oficiales y jefes. Añadió que ya había implicado a los seis centinelas de la guardia. Y en el momento en que empezaran los disparos me tenía que poner a las órdenes de Anselmo Carrasco y Pedro Veintemillas".

Los cabos y soldados implicados lo habían planeado todo con detalle. Sabían que Franco aterrizaría en Tetuán a bordo del famoso avión Dragon Rapide y que en pocas horas se presentaría en la comandancia de Ceuta. Sin embargo, la tensión que atenazaba a los jóvenes soldados de reemplazo ante la trascendencia del atentado provocó que uno de ellos fuese a ver al coronel al mando del cuartel para contarle los planes del complot que se estaba organizando. Alarmado por la información, el coronel detuvo a todos los implicados antes de que Franco llegase.

Autor: José Luis Hernández Garvi - Fuente: Historia de Iberia Vieja

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