El heredero de Alejandro

Escrito por Antonio Guzmán Guerra el . Publicado en Muy interesante

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La batalla por la herencia del conquistador macedonio

Tras la súbita muerte de Alejandro Magno en Babilonia en 323 a.C., sus generales se enzarzaron en una larga serie de disputas y guerras para repartirse sus dominios. Algunos soñaron con que su hijo heredara su Imperio, pero el joven Alejandro IV fue asesinado cuando sólo tenía 14 años junto a su madre, Roxana.

En junio del año 323 a.C., Alejandro Magno murió inesperada y prematuramente en la ciudad de Babilonia, por un súbito acceso de fiebre al término de un banquete. Ha habido numerosas especulaciones acerca de las causas de su fallecimiento: se ha hablado de suicidio, de malaria y de un tipo de leucemia; algunos dicen que fue de muerte natural; otros, que de las heridas que había recibido en los años de campaña, y hay quien defiende que fue envenenado. Nada está claro hoy en día, aunque existen dos versiones al respecto: una tradición «oficial» que niega cualquier posibilidad de envenenamiento, y la de aquellos que, como Olimpia, la madre de Alejandro, inculparon al general Antípatro y a sus hijos de haber cometido el magnicidio o de haberlo inducido.

En todo caso, la muerte de Alejandro creó repentinamente una situación de enorme inestabilidad en la corte de Macedonia, pues el rey no había dejado un heredero directo. Ello planteaba una compleja cuestión sucesoria. Los monarcas y nobles macedonios practicaban de formahabitual la poligamia, probablemente con la intención de asegurar la existencia de más de un hijo varón que garantizase la continuidad dinástica; Filipo II, padre de Alejandro, tuvo al menos seis esposas, y el propio Alejandro tuvo tres: Roxana, Estatira y Parisátide. Por otra parte, la monarquía macedonia no era hereditaria. El rey proponía un heredero, pero éste debía ser refrendado y aceptado por la asamblea de macedonios –que era la que de hecho nombraba o deponía al monarca–, sin que ésta se sintiera obligada a confirmar la propuesta del soberano difunto.

Así las cosas, el primer candidato a la sucesión de Alejandro parecía ser su hermanastro Arrideo, hijo natural deFilipo II y de una noble macedonia. Sin embargo, desde su infancia Arrideo sufrió diversas dolencias –se dice que era epiléptico– y mostró escasas dotes intelectuales, por lo que quedó prácticamente inhabilitado para asumir la sfunciones militares o de gobierno propias de un rey. De hecho, Alejandro jamás le encargó ninguna responsabilidad civil ni militar, aunque tampoco debía estar incapacitado por completo, pues nunca quedó bajo la vigilancia de un tutor. Pese a ello, en la asamblea convocada tras la muerte de Alejandro los soldados mostraron enseguida sus simpatías por Arrideo, en quien veían un príncipe de auténtica sangre real que continuaría la dinastía macedonia de los Teménidas, que, según la tradición, descendían de Témenos, tataranieto de Heracles. Sin embargo, había otro heredero posible.

Dos reyes para Macedonia

Cuando Alejandro falleció, su esposa Roxana –una princesa persa originaria de Bactriana– estaba embarazada y no debía tardar en dar a luz. Si el hijo era varón, él podría ser el sucesor del gran conquistador. Naturalmente, ésta era la opción preferida de Roxana y de la futura abuela: Olimpia, la temible esposa de Filipo II. Además, la tradición de la realeza macedonia establecía que los herederos menores de edad quedaban bajo la tutela de un epítropos, un preceptor, cargo que recaía en algún pariente varón cercano. Ello alimentaba las ambiciones de otros grandes personajes de la corte macedonia, y en particular de los generales que habían combatido en las campañas de conquista de Alejandro. El mejor situado era Pérdicas, quien había recibido el anillo sucesorio de manos del rey agonizante. Él propuso esperar a que naciera el hijo de Alejandro y Roxana, y establecer una regencia hasta la mayoría de edad en caso de que fuera varón. Cabríaañadiruntercerheredero:Heracles,el hijoqueAlejandrohabíatenidoconlaprincesapersaBársine, suamante,cuyacandidatura apoyabanlaarmadaysucomandante,Nearco.

La asamblea de macedonios, reunida en Babilonia, donde estaba el ejército a la muerte de Alejandro, tomó un cariz violento. Un oficial de infantería, Meleagro, decidido a imponer a Arrideo, atacó a Pérdicas y lo expulsó a golpes de lanza del palacio real. Pérdicas no tardó en agrupar a su caballería y puso sitio a la ciudad para forzar la rendición por hambre de Meleagro y los suyos. Así logró imponer un acuerdo de mínimos: si Roxana tenía un hijo varón, éste y Arrideo compartirían el reino bajo la custodia conjunta de Pérdicas y Meleagro. Suscrito el acuerdo, Pérdicas hizo apresar a una treintena de seguidores de Meleagro mientras se celebraba una ceremonia de reconciliación y los arrojó a los elefantes para que los aplastaran. Meleagro no tuvo más opción que suicidarse.

Cuando en agosto de 323 a.C. nació el hijo de Roxana, Alejandro IV, una nueva asamblea confirmó el establecimiento de una diarquía, un reino compartido por él y por Filipo Arrideo, quien tomó este nombre en memoria de su padre Filipo. La asamblea, en un aparente intento de consolidar el Imperio, también decidió olvidar algunos de los proyectos de expansión de Alejandro Magno, como la campaña contra Arabia y la construcción de una nueva armada de mil barcos de guerra.

Asimismo, se procedió a un reparto del poder entre los principales jefes militares macedonios. Mientras Pérdicas y Crátero se repartían el poder en Babilonia, los otros generales se hacían fuertes en las distintas provincias del Imperio, las llamadas satrapías: Antígono, en Frigia; Antípatro, en Macedonia y Grecia; Ptolomeo, en Grecia; Lisímaco, en Tracia, y Seleuco, en Asia. La gran incógnita era si todos estos jefes, cada uno con sus propias aspiraciones, mantendrían la unidad del Imperio creado por Alejandro.

Algunos factores jugaban a favor de esta unión. La clase dirigente mostraba gran fidelidad y estima por la familia real, y la mejor prueba fue la decisión de nombrar reyes tanto a Filipo Arrideo como a Alejandro IV. A ello se añadía el notable corporativismo existente en el ejército, a pesar de las numerosas rivalidades que estallaron en su seno. Había otras importantes fuerzas de cohesión, como el empleo de una misma moneda en buena parte del Imperio y la posesión de una lengua común (lakoinégriega) que facilitaba la comunicación entre regiones muy alejadas y dispares entre sí. Incluso la política de fundación de ciudades emprendida por Alejandro y los asentamientos de griegos y macedonios en Oriente contribuyeron a generar una cierta sensación de pertenencia a una misma comunidad cultural grecomacedonia. Sin embargo, las ambiciones de los generales de Alejandro socavaron la unidad del ejército y resquebrajaron la lealtad a la dinastía.

Luchas por el poder

Pérdicas intentó reafirmar su autoridad mediante la fuerza, pero murió a manos de sus propios soldados durante una campaña en Egipto, en 321 a.C. Su sucesor en la regencia fue Antípatro, instalado en Pella, la capital de Macedonia, junto con Roxana, Olimpia y los dos monarcas, Alejandro IV y Filipo Arrideo. El nuevo regente comprendió que desde un lugar tan periférico no podría mantener el control administrativo y militar de un imperio tan grande, y tuvo que acordar un nuevo reparto territorial con los otros generales de Alejandro.

Antes de morir por enfermedad, Antípatro designó como sucesor en la regencia a sucompañero Poliperconte, olvidándose de su propio hijo, Casandro. Éste se lanzó a la conquista de Macedonia y Grecia, hasta hacerse nombrar regente del Imperio en nombre de FilipoArrideo. Como esto suponía excluir del trono al pequeño Alejandro IV, la abuela de éste, Olimpia, reaccionó de forma furibunda. En 317 a.C. hizo asesinar a Filipo Arrideo y a uncentenar de amigos y familiares de Casandro; a Eurídice, la esposa de Arrideo, la obligó a suicidarse ahorcándose con un cinturón. En represalia, Casandro entró en Macedonia y sitióaOlimpia en la ciudad de Pidna. Obligada arendirse, la viuda de Filipo fue asesinada por los parientes de los hombres a quienes había hechomatar poco antes.

Desde ese momento, Alejandro IV quedó como único monarca de Macedonia, con tan sólo seis años. Nos consta que, a partir de 315 a.C., se acuñaron monedas en las que aparecen su efigie y el nombre Alexandrou («de Alejandro») y basileos («rey»). Es muy probable que el jovencísimo soberano estuviera recibiendo una esmerada educación que le permitiese ejercer sus funciones reales al llegar a la mayoría de edad. Pero sus títulos reales eran una mera ficción. Tanto Alejandro IV como su madre Roxana estaban a merced del verdadero hombre fuerte de Macedonia: el despiadado Casandro. Éste los mantenía bajo su custodia, aunque respetando exteriormente la condición de rey legítimo del pequeño.

El final de una dinastía

No pasó mucho tiempo antes de que Casandro «se diera cuenta de que Alejandro estaba creciendo y de que en Macedonia algunos hablaban de que había que librarlo de la custodia y entregarle el trono de su padre», explicaba el historiador Diodoro de Sicilia. Por ello, «temiendo por sí mismo, ordenó a Glaucias, el jefe de la guardia del niño, que matara a Roxana y al rey». Se suele convenir que Alejandro IV murió durante el verano del año 309 a.C., y algunas evidencias halladas en un grupo de tumbas de Vergina (la llamada Tumba 3, descubierta en el Gran Túmulo) refuerzan esta idea, en tanto que los huesos en ella encontrados parecen corresponder a un chico de entre 11 y 15 años. Lo curioso es que el asesinato fue mantenido en secreto un tiempo y las noticias de su muerte tardaron en llegar a Babilonia (en 307 a.C. aún se acuñaban monedas a su nombre).

De este modo desapareció la antigua dinastía de los Teménidas y quedó consagrada la división del Imperio de Alejandro, pues, como escribió Diodoro, cuando se supo la noticia de la muerte de Alejandro IV, «no habiendo ya nadie que heredara el reino, todos los que gobernaban naciones o ciudades concibieron esperanzas de poder real y mantuvieron el territorio que había sido puesto bajo su autoridad como si fuera un reino ganado por las armas».

ANEXOS

LA HERENCIA DE ALEJANDRO - EL REPARTO DEL IMPERIO

La muerte de Alejandro en Babilonia, en 323 a.C., supuso la división de su vasto imperio entre sus generales más cercanos, los llamados diádocos (sucesores directos), tal como muestra el mapa. Pérdicas asumió el cargo de regente del Imperio, cuya administración se repartirían Antípatro, que quedaba al mando de Macedonia y Grecia; Lísímaco, de Tracia; Antígono, de Panfilia, Licia y Frigia; Eumenes, de Plafagonia y Capadocia, y Ptolomeo, de Egipto. Pero estos dominios pronto sufrieron cambios y en las cuatro décadas siguientes tuvieron lugar guerras y conspiraciones para hacerse con todo el poder: Pérdicas fue asesinado en el año 321 a.C. y Eumenes murió ejecutado en 317 a.C. Hacia 306 a.C. Antígono, Ptolomeo, Lisímaco, Casandro y Seleuco adoptaron el título de rey, y en 281 a.C. había ya tres grandes reinos con sus respectivas dinastías: los Antigónidas en Macedonia, los Ptolomeos en Egipto y los Seléucidas en Asia Menor.

HERACLES - EL BASTARDO DE ALEJANDRO

Posiblemente la relación más larga y duradera que mantuvo Alejandro Magno fue con la princesa persa Bársine, a la que el rey conocía desde su infancia. Diodoro de Sicilia decía de ella que «era muy distinguida por su belleza y por su disposición ». Fruto de esta relación, hacia 327 a.C. nació un varón al que sus padres dieron el significativo nombre de Heracles, el héroe del que supuestamente descendía la dinastía de Alejandro. Bársine vivió con su hijo en Pérgamo, ajena a las intrigas en torno a la sucesión de Alejandro, hasta que se vio fatalmente implicada en ellas. En el año 309 a.C., Casandro hizo que Poliperconte la asesinase junto a su hijo y así acabara con la descendencia de Alejandro.

EL ENIGMA DE LAS TUMBAS DE VERGINA

Este lárnax o urna para contener cenizas fue descubierto en la Tumba 2 deVergina. Los restos de su interior se atribuyeron a Filipo II, el padre de Alejandro Magno. La Tumba 3 del mismo túmulo albergaba los restos de un adolescente, quizás Alejandro IV.

LA ANTIGUA EGAS - LA PRIMERA CAPITAL

Egas, la actual Vergina, fue la primera capital de Macedonia. La tradición atribuye su fundación en el siglo VII a.C. a Pérdicas I, a quien el oráculo de Delfos ordenó establecer una ciudad en la región macedonia de Botiea, en un lugar donde viera pastar a las cabras. En el siglo V a.C., Egas, que en griego significa «lugar de cabras», se convirtió en una próspera ciudad bajo el reinado de Arquelao I, quien acogió en su corte a poetas y artistas como el dramaturgo Eurípides o el famoso pintor Zeuxis. Pero el rey trasladó la capital del reino a Pella, mejor situada estratégicamente. Su sucesor, Filipo II, quiso devolver a Egas su importancia y la embelleció con grandes edificios, como el palacio real, escenario de fastuosas ceremonias, y el teatro donde el rey fue asesinado en 336 a.C. Aunque la capital macedonia era la ciudad costera de Pella, Egas continuó siendo el lugar escogido por los reyes macedonios para erigir grandes palacios y enterrarse en magníficas tumbas repletas de tesoros.

Antonio Guzmán Guerra - UNIVERSIDAD COMPLUTENSE (MADRID) - National Geographic

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