Los vasos de Salomón

Escrito por Lorenzo Fernandez Bueno el . Publicado en Muy interesante

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Uno de los grandes iconos de Edad Media es el rey Arturo y su búsqueda incansable del Grial. De hecho, es posible que esta epopeya literaria despierte más pasiones en la actualidad que en los siglos medievales. Sin embargo, tal fascinación no estuvo generalizada. Más bien, pecamos de cierto religiocentrismo puesto que, para musulmanes y judíos, la figura del mítico monarca de Camelot o la copa asociada a Jesucristo apenas significan nada. Lo cual no quiere decir que, por ejemplo, dentro del Islam medieval no existieran objetos mágicos equiparables en historia y poder al legendario cáliz cristiano e igualmente ambicionados por importantes mandatarios dispuestos a organizar expediciones en su busca.

Este es el caso de unos misteriosos vasos metálicos con fama de haber pertenecido al rey bíblico Salomón, quien los habría utilizado para encerrar en ellos a los genios –o djinn–, ponerlos a su servicio y controlar mejor su poder. Naturalmente, unos objetos de tal valía enseguida fueron motivo de especulación y deseo. Al igual que sucediera con el ciclo artúrico, diversos cronistas musulmanes relataron la gesta en persecución de tan maravillosos recipientes sin especificar cuánto pudiera haber de realidad o de ficción en aquellas narraciones. Así, la búsqueda de estos vasos mágicos aparece en obras claramente literarias como Las Mil y una noches, pero también en numerosos tratados de geografía e historia más convencionales. De hecho, no cabe duda de que muchos compiladores de la época dieron credibilidad a tales aventuras y su inclusión en Las Mil y una noches fue tardía. No aparece en los primeros manuscritos de esta obra, lo que demostraría que la leyenda de los recipientes salomónicos tuvo un origen y desarrollo independiente. El Corán contiene una aleya al respecto que pudo fundamentar la aventura: “Entre los genios, algunos, con el permiso de Dios, trabajaban delante suyo –de Salomón–, y al que de ellos se hubiese apartado de nuestra orden le habríamos hecho gustar el tormento del fuego”.

Ciertamente, hay discrepancias de unos relatos a otros, aunque la mayoría de las versiones comparten un mismo hilo conductor de fondo. El califa omeya Abd al-Malik b. Marwan (646-705) mantenía una animada conversación con varios ilustres invitados en su corte de Damasco. Al-Malik fue uno de los primeros califas, muy sensible a las artes y saberes antiguos, así que durante la tertulia prestó especial atención a la noticia sobre los vasos de Salomón. Uno de los asistentes aseguró, además, tener ciertos datos sobre su posible paradero. Pista que resultó suficiente para que el califa organizara una gran expedición al mando de la cual colocó a Musa b. Nusayr, gobernador del Magreb. A partir de esta decisión comienza un épico viaje que adopta diferentes líneas argumentales, pero todas ellas siempre terminan confluyendo en una fantástica e impenetrable “Ciudad de Cobre” encargada de custodiar el ansiado tesoro.

Esta urbe, de proporciones descomunales, estaba rodeada de una altísima muralla de cobre cuyo perímetro se tardaba siete días en recorrer. Sin embargo, lo más desconcertante de este lugar era que no había puerta de entrada ni nadie que lo vigilara. Cada vez que Musa ordenaba a uno de sus mejores soldados que trepara el muro, el elegido mostraba un comportamiento insólito. Una vez en lo más alto y tras divisar su interior, el aguerrido musulmán era presa de una risa histérica y se precipitaba al otro lado sin que se volviera a saber nada más de él.

La ubicación exacta de este enigmático enclave no es precisa, si bien la mayoría de los autores sitúan su emplazamiento en los confines de Occidente, ya sea en algún rincón insospechado del Magreb o de al-Ándalus. En cuanto a su fundación y construcción, los cronistas dudan en atribuírsela al propio Salomón o al no menos famoso Alejandro Magno, quien la habría erigido con la intención de guardar en ella los conocimientos secretos adquiridos durante sus exóticas conquistas y andanzas.

Lorenzo Fernandez Bueno - Enigmas

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