La misteriosa Catedral de Avila

Escrito por Miguel G. Aracil el . Publicado en Muy interesante

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La pasión por las catedrales medievales y sus secretos se extendió en España tras la aparición del libro "El misterio de las catedrales".Corría el año 1968. Un buen número de investigadores y aficionados al esoterismo, por aquellos años prácticamente prohibido por el régimen,empezaron a recorrer estos edificios sacros por nuestra geografía.

Buscaban entre sus centenarios muros mensajes que, casi mil años antes, unos maestros iniciados nos habían legado, de manera críptica, sobre conocimientos casi olvidados. Fue con la llegada de la democracia y la apertura cultural que empezaba a ver la luz en nuestro país que llegó a España el libro El mensaje de los constructores de catedrales, un verdadero best seller de Christian Jacq y Francoise Brunier.

Antes de continuar es importante comentar, aunque rompamos un tópico idealista y romántico mil veces repetido, que, si bien de bastantes de aquellos “maestros constructores” iniciados en la arquitectura sagrada incluso se desconoce su verdadero nombre y origen, algunos otros no sólo firmaban todas sus obras, sino que, en algunas ocasiones incluso mandaban esculpir su imagen en los sagrados edificios, siendo posiblemente el más emblemático de todos el famoso y polémico Reinald de Fonoll, inglés de nacimiento –algunos aseguran que era hijo de uno de los últimos caballeros templarios ingleses antes de la disolución de la Orden– pero que, al trasladarse a tierras hispanas (1321-1362) construyó sus mejores y más selectas obras en nuestro país durante el siglo XIV.

Catedrales como las de León, Santiago de Compostela, Burgos o Girona, llegaron a ser protagonistas de diversos trabajos y reportajes de carácter heterodoxo sobre los misterios que estos impresionantes edificios, por lo general góticos, pero también románicos o renacentistas, guardaban entre sus piedras.

Curiosamente otras catedrales españolas, impresionantes en todo su aspecto y su historia, han venido pasando casi desapercibidas en su sentido esotérico. Posiblemente, entre estas grandes “desconocidas”, merezca un puesto destacado la de Ávila.

MENSAJES SECRETOS DE OTRO TIEMPO

La impresionante, aunque desconocida para muchos, catedral del Salvador de Ávila es de aquellos edificios en los que, tan sólo con penetrar en él, percibimos que estamos en un lugar que guarda algo mágico o “sagrado”. La que se puede visitar en la actualidad podemos asegurar que es la primera catedral gótica de España, siendo la zona construida por el maestro constructor Fruchel –hacia 1160-1180– de estilo románico con transición al gótico.

De Fruchel, al igual que de otros muchos maestros constructores e iniciados en la arquitectura y la geometría sagrada, se sabe más bien poco. Sin duda su obra más conocida es la impresionante girola de dicha catedral. Pese a dicha fama, la parte más heterodoxa de dicho maestro constructor continúa siendo un tanto arcana.

SIMBOLISMO HERMÉTICO Y ALQUÍMICO

Al entrar nos impresiona con fuerza el color rojo de la piedra berroqueña o “sangrante”, como muchos la conocen. Y su impactante combinación con el blanco grisáceo. La piedra o variedades de granito de esta catedral proceden de las canteras de la Colilla. El color rojo de la piedra nos hace mirar automáticamente hacia lo más elevado del grandioso edificio.

El rojo es el “rubedo” de la alquimia. Y que este “rubedo” era el símbolo de la juventud y la acción superior para los alquimistas. Y no olvidemos que muchos maestros constructores fueron grandes iniciados en la Gran Obra y el hermetismo.

Además, pensemos que aquellos venerables muros y paredes combinan el blanco-grisáceo con el rojo, y que, en la alquimia, el rojo está relacionado con el blanco para formar un sistema dual en el que simboliza el azufre, “el que quema”. Esta combinación de colores en los sueños significaba que la persona estaba preparada para la acción, se iniciaba en la conquista del Yo Superior y los sufrimientos: era entrega y también tribulación y comunión del soma con el Ser Superior: el estado místico por excelencia.

Además, estamos ante un lugar de poder telúrico de primer orden. De hecho, durante siglos, se creyó que bajo aquella combinación de piedras se encontraba un lago. Y no fue hasta mucho más tarde que se pudo saber con certeza que, bajo la catedral, hay como mínimo seis grandes pozos de agua. Grandes cantidades almacenadas gracias a que, todavía hoy, importantes corrientes de aguas subterráneas circulan a través de las grietas y fracturas que conforman el subsuelo y que acaban su singladura alimentando el cauce del río Adaja.

Granito que combina sus colores de forma maestra, un subsuelo geomagnético, aguas que circulan o se almacenan en las entrañas de la catedral… No es de extrañar que, todo ello, junto a las formas geométricamente sagradas, conviertan aquel edificio gótico en una verdadera máquina de lo trascendente y lo místico.

En una de sus entradas podemos ver, al igual que sucede en la también catedral fortificada de la Seo de Urgell (Lleida), que, un extraño personaje que aparenta un atlante o gigante, nos recibe amenazante conungrangarrote en susmanos, como si nos advirtiera de que, allí, en su interior, hay un secretoque debe guardarse o, por lomenos, respetarse.

Miramos hacia las cristaleras que, en parte fueron destruidas por el terremoto ocurrido el 1 de noviembre de 1755. Se filtra una luz que enocasiones forma extrañas figuras con los reflejos claros y rojizos de aquella piedra sangrante. Incluso esta combinaciónde colores en la girola fue definida simplemente como “misteriosa” por unautor tanpocoheterodoxo comoCelestinoLópez y Castro en su trabajo Ávila, su catedral, que fue acrópolis (1948).

ALGUNOS SEPULCROS “ESPECIALES”

Es imprescindible, una vez nos hemos aclimatado al telurismo sacro del lugar, recorrer las diferentes capillas y tumbas del lugar.No deja de llamar la atención la cantidad de “hombres salvajes” que en su interior y alguno en el exterior vemos esculpidos.

Estos “hombres salvajes” sonbastante comunes en catedrales y templos franceses, peromuchomenos en tierras españolas, si obviamos algunos en la frontera hispano francesa, donde se les puede relacionar con los siempremisteriosos simiots, los cuales podemos considerar y asegurar que fueron algomás que simples “fantasías”medievales.

Vírgenes y santos de una reconocida heterodoxia sientan allí su culto o su presencia.Desde una siempre enigmática santaMagdalena, hasta unsanto conunpez que ha capturado. Y, sin olvidar una clara y críptica representación sincretizada de laGranMadre, santaAna. A ambos lados se encuentran el sincrético san Cristóbal, una divinidad de origen cananeo y que simboliza a ungigante que ayuda a cruzar el Camino, de aquí que sea uno de los tres santos de los peregrinos.

Por cierto, un “santo” que ya perdió la santidad, pues no se le considera como tal. Al otro lado podemos ver a santa Catalina, patrona de los oficios relacionados con las “ruedas” durante un buen periodo de la Edad Media.

Los distintos sepulcros que allí se encuentra nos reservan en algún caso ciertas sorpresas. Sin duda uno de los más importantes es el que se conoce como “Sepulcro del Tostado”, en el que reposan los restos de don Alonso Fernández de Madrigal, conocido como “El Tostado”. Este teólogo y escritor se puede considerar, aunque no guste a ciertos sectores muy conservadores de la Iglesia, como un ilustre representante del “Concilianismo” que, para algunos sectores religioso oficiales, fue casi una herejía antipapal. Esta corriente defendía la superioridad del Concilio sobre el poder del Papa, lo que le valió la antipatía del papa Eugenio IV y ser refutado por Juan de Torquemada, un obispo de origen judío converso e integrista.

Es al llegar al sepulcro de Alonso de Valderrábanos donde surge uno de los mayores misterios de dicha catedral. En su sepulcro, además de los misteriosos “hombres de los bosques” o “salvajes” citados, aparecen algo muy parecido a “mazorcas de maíz”. Este cereal fue importado a Europa desde el continente americano. Curiosamente, entre el linaje de los Valderrábanos encontramos que, algunos de sus miembros fueron caballeros de la Orden de Calatrava, la que para muchos fue claramente una “franquicia” hispana de la Orden del Temple. Sin ir más lejos, Alonso de Valderrábanos, un antepasado suyo, fue Maestre de dicha Orden.

Incluso se ha especulado mucho y parece que con razón, sobre los archivos y la biblioteca secreta –con sus mapas– de los templarios castellanos y, su “herencia” a los calatravos tras la disolución de la Orden templaria. Si a eso añadimos que, para algunos investigadores los caballeros del Temple y más tarde sus herederos los calatravos ya conocían la existencia del continente americano, no deja de ser inquietante el hecho de que aquellas mazorcas que representan el maíz, podrían confirmar esta heterodoxa teoría.

La relación de los Valderrábanos con el Temple y los calatravos queda bien patente en un artículo publicado por el Diario de Ávila el 15 de abril de 2013, y que por su interés pasamos a reproducir: “Existe en la ciudad de Ávila una señal clara de la presencia de caballeros templarios en la capital, tal y como explicó Dámaso Barranco que le había puesto de manifiesto la directora del Museo de Ávila, María Mariné. Ese vestigio está perfectamente visible, tanto por su excelente conservación como por su ubicación en pleno centro de la ciudad. Se trata de la portada adintelada del Palacio de Valderrábanos, la única parte que se conserva de la casa original de Gonzalo Dávila, caballero de la rama de Velada y Sanromán que perteneció a la orden de Calatrava, conocida también como la de los templarios ibéricos.

En ese bajorrelieve en roca un doncel organiza la composición; a su mano derecha resalta el escudo de Gonzalo Dávila, a quien por su valor en la batalla por la conquista de Gibraltar concedieron los Reyes Católicos el honor de añadir a los seis roeles de su escudo un león coronado y la bandera de los moros de Gibraltar, y a la izquierda se lee en una retorcida cinta pétrea la inscripción latina Nom nobis dne no nobis set noi tuo da glim –abreviatura de Non nobis Domine, non nobis, sed Nomine Tuo da Gloriam, que significa “Nada para nosotros, señor, nada para nosotros, sino para la gloria de tu nombre”–, himno del salmo 113:9 que san Bernardo de Claraval, su primer padre espiritual, impuso a laOrden de los Caballeros Templarios como lema”.

Posiblemente una simple especulación “Temple-calatravos-Continente americano”, pero que presenta alguna dudas razonables sobre la posibilidad de que así fuera. El sepulcro, enpizarranegra, es del año 1478, pocos antes del “Descubrimiento” del continente americano por parte de los españoles. Es importante ante este sepulcroquedarse unosminutosmirando sus grabados para intentar comprender si realmente aquellos símbolos funerarios, aquella obra de arte, guarda en sus preciosas piedras unmisterio histórico todavía por resolver.

TÚNELES EN EL SUBSUELO

Como tantos otros grandes edificiosmedievales, la catedral abulense está repleta de leyendas que hablan demisteriosos túneles que recorren sus entrañas. Pero el tiempo, y, en ocasiones la casualidad, están demostrando que algunos de estos pasos subterráneos sonuna realidad, aunque no sepamos con certeza, pormucho que algunos especialistas den su opinión, qué función tenían.

En el diario ABC del 16 de noviembre de 2010, Vicente Aparicio detallaba cómo se descubrió unmisterioso pasadizo enmediode los trabajos de restauración y obras demantenimientoque se estaban realizando endistintos puntos de la catedral. Aseguraba que, en uno de los seis pozos conocidos –pueden haber más, pero actualmente se desconoce– del edificio sacro, concretamente el situado junto a la puerta norte, también llamada “Puerta de los Apóstoles”, se realizó el vaciado del agua para su limpieza, conservación y consolidación. De su interior se sacaron cinco cántaros –otros dicen que cuatro– de barro, muy posiblemente del siglo XIX, así como algo parecido a un cubo de zinc y diversas monedas ¿votivas?

Cuando uno de los especialistas se introdujo por el brocal del pozo hasta su interior, descubrió un hueco de poco más de medio metro de ancho y 65 centímetros de altura, con suelo de losas, paredes de sillares de granito y bóveda con dinteles, muy similar al descubierto en febrero, que comunica, al parecer, la catedral y el episcopio –muy posiblemente el único edificio del románico civil que conserva la ciudad–.

Lógicamente, cuando aparecen estos misteriosos hallazgos, que muchos suponían pero cuya existencia real se desconocía, surgen diversas teorías. La más romántica y trágica nos recuerda el siempre presente amor entre dos jóvenes que deciden verse a escondidas por la enemistad de ambas familias.

En el caso de Ávila la leyenda es la siguiente: este extraño pasadizo subterráneo, quemuchos aseguran que data originalmente del sigloXII, de los primeros tiempos de la catedral, casi tres siglos más tarde pudo facilitar los contactos y ocultos amoríos entre el joven y apuesto Jimeno, sirviente de la catedral, y la bellaMadrona, una dulce doncella que habitaba en el cercano torreónde losVelada, del sigloXV, cuyas familias estaban seriamente enemistadas.

De hecho, su historia, como ya es habitual en este tipo de leyendas románticas, termina de forma trágica, ya que la familia de Jimeno, al darse cuenta de los amoríos y conocer los subterráneos encuentros de los amantes, recorrieron armados aquella galería hasta acabar con la vida de Madrona.

¿Era realmente ésta la función de dicha galería? ¿Existe otra explicación menos romántica y más misteriosa? Posiblemente jamás lo sepamos y no nos extrañaría en absoluto que aparecieran nuevas galerías subterráneas actualmente desconocidas.

La catedral de Ávila y sus misterios merecerían un libro monográfico. Por un tema de espacio nos hemos limitado a presentar sólo algunos de los muchos arcanos y misterios que esta catedral, la primera gótica de toda España, guarda para quien sepa leer, comprender y estimar los mensajes crípticos que, hace muchos siglos, nos dejaron allí unos maestros constructores que, mediante la piedra y la Geometría Sagrada, legaron a los “buscadores” que siglos más tarde pasearían por sus impresionantes estancias. Quizá a través de ellos descubramos alguna vez la verdadera finalidad de este impresionante edificio sacro.

SIMBOLOGIA DE LAS CATEDRALES

SEXO. En todos los países del Occidente medieval cristiano, las iglesias románicas muestran en sus canecillos escenas de alto contenido erótico: coitos, masturbaciones, sexo en grupo, exhibicionismo… Aquellas representaciones parecían una forma un tanto exagerada de adoctrinar a los fieles sobre los peligros de la carne. Sin embargo, se pueden ver en ellas reminiscencias paganas en el hecho de que el sexo tiene un componente sagrado, divino, como símbolo de la creación que el hombre, a pequeña escala, puede realizar a imitación del propio Dios.

LABERINTO. Este dibujo simbólico ya gozaba de importancia en el mundo helénico y figuraba en las monedas y en los santuarios egipcios, sin embargo, cobraría su máxima expresión artística en las catedrales góticas, como el laberinto de Chartres o el de Amiens.

El laberinto, más allá de explicaciones esotéricas más complejas, simboliza el camino de la vida, es el viaje iniciático que conduce de lo efímero a lo eterno, de lo profano a lo sagrado; de ahí su relevancia iconográfica.

GÁRGOLA. Uno de los elementos más representativos de la catedral gótica. La gárgola es un ser imaginario, representado generalmente en piedra, que tiene características por lo general grotescas e incluso terroríficas. Es posible que su nombre derive de la voz francesa gargouiller –“producir un ruido semejante al de un líquido en un tubo”–. Su origen se remonta al medievo, y se relaciona con el auge de los bestiarios y los “tormentos del infierno”. Sin embargo, se puede rastrear un origen más antiguo, relacionado con los clásicos grifos.

CARAS FOLIADAS. Curiosas figuras presentes en numerosos templos del románico y el gótico, uno de los más misteriosos de cuanto conforman la iconografía medieval. Se les conocía como “hombres verdes”: mitad hombres y mitad bestias, se esconden en capiteles, tapices, vidrieras…

No hay ninguno idéntico, y comienzan a aparecer de forma habitual en el siglo XII. Hay quien ve su origen en las culturas celtas y precristianas occidentales, aunque también se apunta a una posible influencia oriental.

ZODÍACO. El uso de los doce símbolos en templos cristianos, que suelen rodear la figura de Cristo –en ocasiones simbolizados por los doce apóstoles–, se remonta a los primeros tiempos del cristianismo. Como en otros casos de símbolos cristianos, podemos rastrear un origen pagano de dicha iconografía: en obras de arte de los siglos finales del mundo antiguo, como en las religiones mitraístas, o en otras en las que se representa a diversos dioses tardo-antiguos como Fanes o Aiôn. Su significado puede ser también alquímico.

LA CAVERNA Y EL ÁRBOL. La cripta de la catedral simboliza la raíz del Universo –si entendemos éste como el conjunto catedralicio, una suerte de “cielo en la Tierra”–, según los expertos, aquello oculto que origina la vida de todo conjunto. De hecho, la palabra cripta proviene etimológicamente del verbo griego krypta, cuyo significado es “esconder”. Por su parte, en relación al árbol, la tierra es la madre de todo lo viviente: de ella surge toda vida y a ella regresa.

Miguel G. Aracil - Enigmas

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