Manos a la obra

El fraude de la magia en México

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Cómo explicar fraudes y morir en el intento (México)

Por Mario Romero (Mythopoeikon)

Resulta desesperante, incluso alarmante, ver cualquier día, no importa la fecha, ni la "alineación de los astros" la TV en México. Es uno de los circos más amplios de superstición y desinformación que pueda haber en el mercado.

Desde las frecuentes apariciones de charlatanzazos como Carlos Trejo, que adolece de una de las más crónicas muestras de infamia y abuso de la ignorancia colectiva, hasta adivinos y vividorzazos como Walter Mercado o Amira y toda esa fauna de tarados mentales que solo tienen el talento para vender sus supercherías. Todo ese circo de entes de lo sobrenatural infesta un medio que les presta credibilidad de manera cada vez más creciente.

En no pocas ocasiones, se me ha hecho la observación de que las televisoras locales no hacen más que programar lo que vende, y si a la gente le gusta ver adivinos, espiritistas y cazafantasmas, entonces eso es lo que se programa. Pero no estoy de acuerdo. Una de las reglas de oro de la mercadotecnia, es generar una necesidad, y después vender productos o servicios que cubran esa necesidad. De tal suerte que si quieres vender brujos y gonorréicas criaturas traficantes de lo absurdo, primero las televisoras generan la expectativa y la necesidad de la maravilla, para después promocionar con despilfarro a toda esta colección de mamíferos que como sanguijuelas se alimentan de la sangre (dinero) del televidente y del consumidor de lo sobrenatural.

No tiene ni media hora que alcancé a ver un fragmento de una especie de exorcismo new agero por parte de uno de esos tantos mamones que plagan nuestros receptores de televisión. En el programa de Nuestra casa, o uno de corte similar transmitido por el canal 4 de la televisión local (propiedad de Televisa) este viernes a la una y media mas o menos, pude constatar con mis incrédulos ojos a una de tantas criaturas promocionadas por esta empresa que practicaba una especie de exorcismo posmodernista sobre una mujer que JURO por las barbas de neptuno no estaba más poseída que por las ansias de aparecer en la tele. Profería gritos y hablaba en un lenguaje preternatural seguramente generado por su imaginación o por la asistencia "sobrenatural" de un apuntador electrónico (o chícharo, como les llaman en el medio).

¿Alguna llamada telefónica al estudio para criticar esta exposición tan pobre de podredumbre ideológica? ¡En absoluto! La gente, ávida de lo maravilloso, necesita aferrarse a algo que la mantenga entretenida. Alimentar así la glándula de la maravilla resulta ya normal en una sociedad que parece atascada en los siglos oscuros de nuestra historia más medieval.

Y no resulta extraño, que a cualquier hora, incluso durante la tarde, cuando los niños han regresado de la escuela y se exponen voluntariamente a la programación de estas televisoras, aparezca en la pantalla, a mansalva y sin anestesia, la encapotada y aberrante presencia de Walter Mercado que no pocos sustos me ha provocado. Realmente no logro entender como los censores de las televisoras permiten que criaturas tan abstractas como este "señor" (concedámosle el beneficio de la duda) aparezca en la pantalla en horario vespertino. Si tanto es su afán de venderle, si tanta es su necesidad de cobrarle por aparecer en horario estelar anunciando a sus superpoderosos adivinos, ya que al parecer no les alcanza con los tele juegos, otra eficaz manera de estafar al televidente, entonces ¡por favor señores! ¡Pónganle de menos una mascarilla de aguacate! ¡Algo que oculte su obscena presencia!

Pero eso no es todo. Desgraciadamente, muchos canales o cadenas televisivas que contaban con una cierta credibilidad empiezan a ceder terreno ante la manifestación de ignorancia que parece extenderse sobre el homo televicensis. Discovery Channel, otrora uno de las cadenas más interesantes, ha caído en este circo de lo insólito, proyectando programas de escaso, si no nulo criticismo. Y es un peligro, pues mucha gente todavía considera esta cadena de televisión altamente confiable. Si salió en Discovery Channel, entonces tiene que ser verdad, ¿o no?

Hace unos días, proyectaron un programa que parecía diseñado expresamente para mermar la confianza de la gente en la ciencia, satanizando mucho de esta empresa. El programa en cuestión se llama "El Ultimo Día" y cuenta una serie de historias apocalípticas que tienen como argumento final, la destrucción de la raza humana. Entre esta variedad, una de las historias principales estaba centrada en los experimentos con los aceleradores de partículas, propagando la peregrina idea de que un acelerador de estos podía crear un agujero negro que engulliría la tierra en su totalidad. Esto es absurdo pues un agujero negro consiste en una colección de materia en estado degenerado súper compacta, con una fuerza de gravedad tremenda, capaz de incluso absorber la luz sin dejarla escapar. De ahí la denominación de agujero negro.

Los aceleradores de partículas hacen eso precisamente: ¡acelerar partículas! No me explico como sería posible que una partícula como un electrón o un neutrón puedan generar un campo gravitatorio tan intenso como un agujero negro que destruya la tierra de pasadita, cuando la fuerza de gravedad en una de estas partículas es tan insignificante como una mota de polvo tratando de cambiar la órbita de nuestro planeta. La gravedad está directamente relacionada con la masa de un cuerpo dado. A mayor masa, mayor atracción gravitatoria. Y la masa de un neutrón no es precisamente la misma que, por ejemplo, la cuenta corriente de Jaime Maussan, embaucador de lo insólito.

Al final del programa, ponen a un (no me consta que lo sea) científico que hace un comentario final, donde comenta que todos los experimentos están "controlados", y que podemos dormir tranquilos, aunque el tono irónico final del programa estaba más que manifiesto. La reacción de mi madre, al escuchar este comentario, fue reveladora, pero esperada: "Si, ¡como no!" que dice mucho. Es una irresponsabilidad el propagar semejantes estupideces en un canal, sin el más mínimo rigor científico, aunque se tratarse de un programa basado solamente en los delirios de un escritor sin escrúpulos. No obstante, debió agregarse un comentario al principio y al final de la transmisión advirtiendo que se trataba solamente de un programa ficticio, pero no lo hacen, y lo transmiten como si fuese una realidad, lo cual imprime en el teleespectador un miedo infundado sobre las actividades de la comunidad científica y de la ciencia en general.

En el caso que nos ocupa sobre el nefasto programa de Discovery Channel, me costó un rato convencer a mi madre sobre las falacias que presentaron en ese adefesio televisivo, así como la notoria superstición que propagó en tan poco tiempo. La ciencia no es perfecta, pues aun nos falta mucho por saber. Ciertamente, algunos científicos son responsables directos o indirectos de varios agentes perjudiciales a la sociedad o a la vida misma, pero es la misma ciencia, también la responsable de haber incrementado la expectativa de vida del ciudadano medio. Los peligros ocasionados por el mal uso de la ciencia son combatidos con ciencia, no con cartas astrales, ni con espiritismo, karma, charma, chakras o chanclas. La incomprensión de la ciencia aleja al ciudadano medio de los medios para su supervivencia.

Y es que, no hay ciencia mala. La ciencia es moralmente ambigua, pero esto está directamente relacionado con el uso que se haga de ella. El descubrimiento del fuego fue un paso importante en el establecimiento de nuestra civilización. Aunado al dominio del fuego está el desarrollo de todas las industrias. Pero con fuego, puedo incendiar una casa habitada, o suicidarme públicamente como algunos han hecho ya en el pasado. Y no he escuchado a nadie que diga que el peligro del fuego pueda exterminar a la humanidad. (Excluyo de esta última frase a los pertenecientes a la extinta secta de los davidianos)

Es muy facil atacar a la ciencia. Sólo tienes que mover algunos botones en la gente, y responderá obediente. Solo recuérdales la bomba atómica para lograr una respuesta predeterminada en el individuo medio, que admitirá sin reparo que la ciencia es mala. Mucha gente que ahora sigue viva, lo está precisamente gracias a la ciencia. Pero la ciencia es más que bombas atómicas, refrigeración y DVD’s. La ciencia es todo un cuerpo de conocimientos, que sigue una metodología sistemática para poder comprender y explicar la naturaleza, los fenómenos que se dan en ella, y sus causas. Va mucho más allá de esta definición tan simplista, pues comprende toda la organización que conforma el cosmos. La ciencia es, con mucho, la mejor opción para comprender lo que nos rodea. Usted puede utilizar ciencia o superstición para tratar de comprender un evento que ignore de antemano. Un relámpago puede ser producto de la ira de un dios caprichoso o puede ser el resultado de un intenso campo eléctrico generado por la interacción de cargas eléctricas negativas y positivas entre una nube de tormenta y el suelo. Pero no muchas personas se reirán de usted si prefiere la primera explicación, no obstante, si utiliza la segunda, será visto con recelo y hasta calificado de presumido o superficial. La ciencia no goza precisamente de una gran popularidad entre la gente. El miedo a la ciencia es patente, y los medios se encargan de incrementar ese miedo o recelo. Solo hay que ver a los científicos que salen caricaturizados en las películas o los programas infantiles. Casi siempre son retratados como personas con un escaso si no nulo entendimiento sobre las sutilezas de la vida social, embrollados y ausentes, casi pareciera decir: Si usted gusta de la ciencia, es un nerd de estas características.

Curiosamente, cuando un vendedor de misterios, como Amira, o Walter Mercado, J.J. Benitez, Iker Jiménez, Jaime Maussan, y demás fauna troglodita son cuestionados, no sienten reparo en hacer uso de un lenguaje pseudocientífico para ganar credibilidad. Usan, o más bien, pretenden usar la ciencia para parecer objetivos, para que la gente mal preparada en esta disciplina piense que lo que dicen es verdad. La misma ciencia que atacan sistemáticamente con sus necias pretenciones.

No hace ni un día que escuché una noticia que me hizo reír a carcajada batiente: Una astróloga rusa, demanda a la NASA pues según ella, el experimento que se realizó con un misil sobre un asteroide deformó la armonía cósmica, de tal suerte que arruinó las cartas astrales que esta charlatana había creado. Y ¡hay gente que se traga estas paparruchadas! La diarrea mental que puede generar esta clase de sandeces es peligrosa, pues se corre el peligro de morir víctimas de deshidratación. ¿La solución? Espíritu crítico. Escepticismo. Ciencia.

Pero México, desgraciadamente, y la mayoría del mundo de habla hispana es un mercado cautivo para estos nefarios sinvergüenzas, que saben que tienen su mina de oro aquí. La deficiente educación del ciudadano medio es su mejor arma. Su doctrina es la publicidad televisiva, y sus biblias son las publicaciones mensuales, y como si eso fuera poco, a veces quincenales y hasta semanales de groserías supersticiosas que trascienden el sentido común e infectan con el mortal virus Estaphilococus creiensis el cerebro de ese ente unánime llamado Homo "Sapiens".

La fórmula perfecta para hacerse millonario: funde una religión (lo sentimos mucho, la cienciología ya la inventaron por otro lado), o un cuerpo de creencias que la gente busque afanosa. Invéntese un contacto espaciocosmicokármicotemporal, subyugue la imaginería colectiva administrando superstición en raciones homeopáticas. Y, de paso, integre dentro de la ideología colectiva la nocion mafufa de que existen alternativas a la ciencia, como la cartomancia, la adivinación, la lectura de horóscopos, el espiritismo, la quiropráctica, la medicina futurista y los campos taquiónicos, la homeopatía, los exorcismos, la telequinesos, la telepatía, la lectura del te/cigarro/hojas de naranjo o del aura, el efecto kirlian, los ovnis que ultimadamadremente vendrán a salvarnos de nosotros mismos, la sabiduría preternatural en los cristales de la atlántica y el último consuelo además de un paraíso: la reencarnación.

Así tendrá una audiencia cautiva. Prométales maravillas y se hará rico de paso. Para que siga curando con Ciencia la atrofía física que sus excesos marranos han logrado acumular en su cuerpo al vivir de la credulidad humana, ¡charlatanazo! (Este último comentario está dirigido a los vividores de la credulidad en cualquier sociedad. Omito nombres pues repetirlos ya resulta cansado).

Consultas:
http://librepensar.blogspot.com/ Un Blog de Control-Zape con comentarios y acciones al respecto.

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